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domingo, 16 de septiembre de 2012

Pasan y pasan.



Uno tranquilo, aquí, viendo pasar gente y más gente, de un lado a otro, pero hacia la misma dirección. “¡Miren! Una vieja, una puta, un gay, ¿Sera gay? ¡Miren, esta Colombia jugando! Un nerd, ¿Qué lee? No sea aburrido, ¿Vamos a rumbear? Ush, esa vieja parece una puta, pero esta buena y el novio se ve medio gay, y más leyendo eso, en cambio yo, todo un hombre viendo fútbol, y eso que no me han visto bailando reggaetón.” Y así, lo de siempre. Todos pasan con afán derecho al abismo como si llevaran los ojos cerrados. Cuando uno no lleva prisa se sienta a mirar, a hacer nada, ¿Para qué? Para eso entonces me levanto, dejo el café con 2 barritas de azúcar, me monto los rencores y hago lo mismo que hacen los mismos, y de pasó camino hacia lo mismo. Pero no, a mí que me empujen o me arrastren si quiere que vaya más rápido, rápido como los que pasan, como si fueran en un carrito de balineras con motor de Audi; Cuando más rápido van se desbaratan y salen a la mierda, como dicen acá. A la mierda el carrito, el motor y el sujeto que iba de piloto. A la mierda los chiquitos vestidos de verano contrastando con las frías chaquetas en la ciudad del negro y el gris, de la ciudad del cielo triste y aburrido. “Con esta faldita y este escote mato a cualquiera, - Escápate conmigo donde nadie nos vea, no importa que tu novio sea un gonorrea, por ti... – Hoy levanto porque levanto.” Ojala se acuerden al día siguiente contra que fue que se estrellaron y terminaron con el efímero afán.

Mientras pasan y pasan y uno ahí sentado lo único que siente es un vientico frio, pero el viento ni mueve, ni empuja, ni desestabiliza, ni nada de nada. Además ¿Por qué habría de afectar? No es culpa de uno que los demás se maten y sigan vivos para después volverse a morir. “La vida es lo mejor que hemos tenido y hay que gozarla. -… Y no te hagas la santa, yo sé que te encanta… - La personalidad de él es tan linda, es re sencillo, vamos al parque, me regaló un osito de miscelánea, Yeison es tan lindo… Se tatuó mi nombre en la mano y es re fuerte.” A fin de cuentas viven felices porque no les importa más, solo si Yeison es fiel  y ya, con eso tienen, pero yo acá criticando con desdén y usted leyéndome, tampoco es que vayamos muy bien, lo bueno es que si me estrello no es mucho lo que pasa, sería como si un carro varado se pinchara, así, tal cual.

domingo, 9 de septiembre de 2012

¿Que será?

Hay una cosa que los bogotanos conocemos mejor que cualquier otra, más que lo que saben los costeños sobre el vallenato y en McDonald’s sobre cómo hacer hamburguesas, es ese busecito rojo y con cara amigable que termina haciendo el papel de una pelota anti-estrés de un adolecente con espíritu revolucionario y con camiseta del “El Che” en días de protestas contra el sistema, es ese largo Mercedes Benz que trasporta sueños, frustraciones, alegrías, desdichas, pereza, logros, empleados sin carro y desempleados, que en horas pico las desdichas hacen más fuerzas que los sueños y la alegría para salir a tiempo y no ser arrastrados hasta la otra estación. Alimentado por entes insensibles que no saben lo que es correr tres cuadras detrás de un bus verde para no llegar tarde; Cuando uno va en la mitad de la última cuadra se empieza a sentir ese leve aroma a victoria, a gloria, satisfacción de haber luchado por lo que se quiere, pensando en que nada en la vida es imposible y que el humano no tiene límites. Eso hasta cuando se baja la velocidad para entrar al alimentador con serenidad, y justo ahí se ve en cámara lenta como se cierran lentamente las puertas, en compañía de ese pitico infeliz. Ni victoria, ni gloria, ni satisfacción, lo único queda es frustración y ganas de ir a protestar por la séptima en contra del sistema y los sucios políticos. Y así mismo detrás del bus rojo, lo primero que le cierran en la cara es esa puerta de vidrio con letricas al revés y después muchas más en la vida, y de distintos colores. Pero lo que más lo distingue son esas muy populares sillas azules, sillas azules llenas de virus y años perdidos, el virus y los años perdidos van vestidos con ruanas y llevan mala cara; Mala cara como si uno tuviera la culpa de todo el tiempo que tuvieron en la vida lo perdieron y lo único que hicieron fue niños, y eso niños más niños y así, hasta llegar al punto de que un busecito para 160 personas le entren 250 y se queden otras 50 por fuera renegando de su desdichada vida por no tener carro, ser pobre o estar en pico y placa.

Pero a fin de cuentas quiéranlo o no mañana estará más de un feliz bogotano haciendo fila para comprar pasajes para toda la semana.