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domingo, 9 de septiembre de 2012

¿Que será?

Hay una cosa que los bogotanos conocemos mejor que cualquier otra, más que lo que saben los costeños sobre el vallenato y en McDonald’s sobre cómo hacer hamburguesas, es ese busecito rojo y con cara amigable que termina haciendo el papel de una pelota anti-estrés de un adolecente con espíritu revolucionario y con camiseta del “El Che” en días de protestas contra el sistema, es ese largo Mercedes Benz que trasporta sueños, frustraciones, alegrías, desdichas, pereza, logros, empleados sin carro y desempleados, que en horas pico las desdichas hacen más fuerzas que los sueños y la alegría para salir a tiempo y no ser arrastrados hasta la otra estación. Alimentado por entes insensibles que no saben lo que es correr tres cuadras detrás de un bus verde para no llegar tarde; Cuando uno va en la mitad de la última cuadra se empieza a sentir ese leve aroma a victoria, a gloria, satisfacción de haber luchado por lo que se quiere, pensando en que nada en la vida es imposible y que el humano no tiene límites. Eso hasta cuando se baja la velocidad para entrar al alimentador con serenidad, y justo ahí se ve en cámara lenta como se cierran lentamente las puertas, en compañía de ese pitico infeliz. Ni victoria, ni gloria, ni satisfacción, lo único queda es frustración y ganas de ir a protestar por la séptima en contra del sistema y los sucios políticos. Y así mismo detrás del bus rojo, lo primero que le cierran en la cara es esa puerta de vidrio con letricas al revés y después muchas más en la vida, y de distintos colores. Pero lo que más lo distingue son esas muy populares sillas azules, sillas azules llenas de virus y años perdidos, el virus y los años perdidos van vestidos con ruanas y llevan mala cara; Mala cara como si uno tuviera la culpa de todo el tiempo que tuvieron en la vida lo perdieron y lo único que hicieron fue niños, y eso niños más niños y así, hasta llegar al punto de que un busecito para 160 personas le entren 250 y se queden otras 50 por fuera renegando de su desdichada vida por no tener carro, ser pobre o estar en pico y placa.

Pero a fin de cuentas quiéranlo o no mañana estará más de un feliz bogotano haciendo fila para comprar pasajes para toda la semana. 

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